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De Isla Grande a Paraty

Amanece un día espléndido. Bajamos a tierra a comprar unos bocadillos calientes para desayunar. Salimos hacia la zona oeste de la isla, navegamos con el continente a estribor y la isla a babor. Luce un enorme sol y sopla poco viento. Llegamos a Enseada de Sitio Forte, un lugar paradisíaco, muy solitario. Sólo hay un restaurante y una enorme casa solariega abandonada que muestra señales haber vivido tiempos mejores. El sitio es precioso, con una pequeña playita donde se esparcen grandes moles de granito, unos pocos metros de arena dejan paso a la selva que asciende impetuosa por las laderas de la montaña, estamos rodeados de montañas, algunos arbustos de flores lila ponen la nota de contraste a tanto verde.El agua también es verde… verde-amazonas. Sólo hay una escuna amarrada en un pequeño embarcadero, unos cuantos niños juegan en la playa. Voy nadando hasta la orilla, el fondo está repleto de estrellas de mar gigantes, las hay rojas y amarillas, también hay millones de dólares que son los esqueletos de las estrellas muertas, tienen forma redonda y una flor dibujada en el centro con varios orificios ovalados rodeándola, son preciosas esculturas naturales tan bellas como frágiles. Hay también algunos cangrejos muy curiosos, de color rosa y azul ataviados al más puro estilo  Gaultier.

Al otro lado de la playa hay un chiringuito-granja, veo un burro, dos gansos, tres gallinas, dos perros, una oca y un hermoso pavo al que dadas las fechas en las que estamos no le auguro una larga supervivencia.Tomamos una cerveza en el chiringuito y zarpamos rumbo oeste hacia Paraty, a unas 25 millas. Eso es el continente y desde ahí visitaremos las islas cercanas, uno de los lugares más bonitos de esta zona. Por el camino nuevo intento de curri y nuevo fracaso.

Sacamos las velas del catamaran , sopla viento. Cuando llegamos el cielo está cubierto. El lugar es increíble, varias islitas dan paso a una especie de enorme lago interior de aguas tranquilas. La vegetación aquí es aún más tupida que en las zonas que ya hemos visitado. Son jardines tropicales que emergen del mar y que apenas dejan ver la tierra. Sólo se ven miles de árboles, arbustos y algunas flores rojas.

Parece que nunca nadie haya estado antes  aquí, hemos llegado al paraíso. Fondeamos frente a la isla de Cotia. Remamos con el dinghy a lo largo de la orilla para poder disfrutar de la paz del lugar y oir el canto de la multitud de pájaros que habitan en la jungla. Unos son pequeños de color rojo, otros azules y negros, colibríes, vemos otros mayores de color gris y pico curvo como el de los tucanes. No entiendo nada de pájaros pero son preciosos, tendrán nombre los científicos para tanto pájaro, árbol, insecto, flor,..? El fondo está cubierto de estrellas y dólares.

Los árboles son tantos y tan espesos que apenas se ve nada entre ellos,en esta lucha titánica por encontrar sitio los hay que hunden sus raices en el mar, otros se inclinan hasta casi meter la copa en el agua empujados por los de las filas de atrás, y otros crecen y crecen en un intento de llegar al sol para hacerse un hueco entre esta vorágine verde. Aún así parece que existe una gran armonía entre toda esta naturaleza, está claro que los únicos intrusos somos nosotros, afortunados de podernos asomar a un mundo tan verde, tan limpio, tan irreal por desgracia. Ojalá perdure así siempre…

Las chicharras comienzan a entonar sus ruidosas canciones mientras el sol se pone, la selva se dispone a dormir, los peces saltan alrededor del barco. Preparamos la cena. Las luciérnagas ponen la luz en esta oscura noche brasileña.

 Paraty

 La selva está radiante cuando me levanto, luce un enorme sol que convierte el mar en un inmenso espejo verde. Unas minúsculas golondrinas revolotean por encima de nuestro toldo, deben haberlo confundido con la copa de un árbol porque lo han llenado de ramitas y parece que van a hacer un nido.

Se oyen algunos pájaros canturreando pero por suerte las chicharras están más calladas que anoche. Es la música de la selva, deberían hacer un CD . Hay grupos de agujas nadando alrededor del barco.

Finalmente las golondrinas se deciden por la botavara, una parejita entra y sale sin parar cargando palitos para el nido. Se van a llevar un chasco cuando nos vayamos…

Nos lanzamos al agua en busca de dólares, está muy calentita. El fondo es arenoso y no hay que esforzarse mucho para dar con ellos, se ven por miles. Tras un buen rato nadando volvemos al barco. Seguimos solos, llevamos sin ver una alma desde ayer. Exploramos la zona costeando con el dinghy y salvo alguna casa que asoma entre la vegetación no se ve nada más.

Por la tarde salimos hacia Paraty, por el camino vemos multitud de islas e islotes y bastantes barcos de pesca. La costa es muy montañosa, hasta donde alcanza la mirada el horizonte es verde,… verde-selva.

Las nubes desdibujan los picos de las montañas dándole un tinte misterioso al paisaje.

Llegamos a la bahía de Paraty, que cuenta con tres marinas. Atracamos en una de ellas (marina Puerto Imperial), que queda a unos 2 Km del centro de Paraty. Flanquea la entrada a la marina un islote cuajado de árboles a modo de centro floral de esta gigantesca mesa de mar. Paraty cuenta con multitud de islas y paraísos tropicales como la playa de Trindade, antiguo refugio de piratas. Estamos a unos 241 Km de Río y aquí habitan unas 28.000 personas. En 1966 fue declarada Patrimonio Histórico Nacional por la Unesco.

Las montañas de Paraty también están cubiertas de selva aunque hay praderas de hierba que tapizan algunas de las laderas, le han ganado  la partida a la prepotente selva y le dan un look muy suizo al entorno, además en los prados hay vacas pastando que completan esta bucólica postal.

Es todo tan verde, tan fértil, que creo que si plantara una piedra aquí le brotarían flores….

Nos recoge Hipólito en la marina, solícito taxista local que emite variopintos ruidos cuando hace sonar el claxon: el relinchar de un caballo, el pájaro loco, un silbido para piropear a las chicas,.. es todo un personaje en Paraty.

Nos deja en el centro histórico, un lugar anclado en el tiempo, allá por el siglo XVIII, con calles empedradas tan bellas como incómodas para pasear. Hay maravillosas iglesias y construcciones coloniales. Las casas están pintadas de blanco y a partir de ahí empieza el festival: cada puerta y cada ventana de un color, el resultado es fantástico, muy gaugueniano. Esta ciudad era la parada previa a Portugal para llevar el oro a Europa.

El pueblo guarda reminiscencias masónicas, con símbolos en escayola decorando las fachadas,y es que la ciudad fue urbanizada por los masones a principios del XVIII, de hecho el primer patrón de Paraty fue San Roque (santo místico esotérico). Fue descubierta el 16 de Agosto de 1531 (día de San Roque). En 1950 llegó el primer automóvil a Paraty y con él los primeros turistas.

Hay multitud de tiendas donde se vende de todo: artesanía, hamacas de algodón, chanclas de goma para la playa y cómo no los sexys bikinis-tanga brasileños. Dos apuntes: el personal de las tiendas es muy amable, el trato es exquisito y además los precios son más que razonables e incluso en algunas tiendas ya han comenzado las rebajas.

Después de un largo recorrido por el pueblo damos con el Restaurante Carabelas, todo un acierto. Aconsejados por la cocinera cenamos ensalada campestre y pescado: peixe bahiana (plato típico de Brasil, con leche de coco) y peixe com banana (especialidad de Paraty). Todo delicioso. Lo acompañamos de vino Almanden porque nos dice el camarero que es brasileño puro. De postre “ojos de suegra” y cafezinho, cómo no. Hay otro restaurante llamado Terra Banana que también es muy recomendable.

 

 

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