Viaje en barco por Francia

 

Llega la primera esclusa, el ritual de la apertura, esperar a que se llene y vuelta a abrir. Nos acercamos a una zona más poblada, Beziers, a lo lejos se ven fábricas y bastantes coches, pero desde la placidez de las aguas del canal somos ajenos a todo ese bullicio, el tiempo aquí está parado… El sol calienta de lo lindo, llegamos por fin a la fila de barcos que indica el comienzo de las 7 esclusas. El horario es muy estricto, solo pasan 3 barcos a la vez, tardan unos 20 minutos. Nos quedan unos 9 barcos por delante así que parece que haremos noche aquí. Estupendo, no hay prisa, seguimos a 6 por hora.

 

 

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Canal de Midi,esclusas

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Fonseranes, esclusas

 

Acabamos el día esperando en la fila, con un largo paseo en bici con cuidado eso si de no arrollar a algún pato despistado que sestea en la orilla. Desde las esclusas se disfruta de una maravillosa vista de Bezieres, con su imponente catedral.

Amanece un dia espléndido, ha merecido la pena la espera, las 7 esclusas cuesta arriba se pasan sin dificultad y como no se para de trabajar con las amarras el tiempo se pasa volando.

Se abre entonces ante nosotros la naturaleza del Languedo, comarca de vinos. A las orillas del canal hay casas de campo salpicadas entre la campiña, vides, plantaciones de girasoles…

Llegamos hasta Colombiers, de paseo por el pueblo encontramos una placa donde se recuerda al creador del canal. Es la hora del almuerzo, en las calles de piedra no se ve un alma. Intentamos localizar una panadería sin éxito. Por fin damos con el único restaurante abierto del pueblo, una amabilísima dueña me dice que está cerrado pero que nos puede preparar algo de pan. Le encargamos 5 baguettes, en 10 minutos estarán listas. Es un restaurante pequeño pero muy coqueto, la carta tiene un platos muy apetecibles. El pan inmejorable, calentito, los patos están encantados….

Tras la comida salimos hacia Capestang, un maravilloso castillo se alza majestuoso a lo lejos. El canal está muy concurrido a su paso por el pueblo. Buscamos un sitio para pasar la tarde, caminamos con la vista fija en una preciosa iglesia a donde llegamos tras 20 minutos de paseo,es la Iglesia de St Etiene, del siglo X. Tiene unas cristaleras maravillosas, el coro está ensayando para los oficios de Semana Santa.

El pueblo está muy tranquilo, aunque es lunes está casi todo cerrado ( es el día de descanso). Nos sentamos en la plaza, mientras los niños corretean con unos recién estrenados amigos tomamos un delicioso café en una terraza.Comienza a atardecer así que volvemos al barco a por las bicis para pedalear, aún nos queda una hora de sol así que hay que aprovechar…

Canal de Midi en Capestang

Canal de Midi en Capestang

 

Ya de noche, cena a bordo y un merecido descanso, que los días a 6 por hora también son agotadores..

Amanece un día lluvioso y algo fresco, paseamos hasta la plaza del pueblo para comprar un delicioso pan de leña y unos croissants recién hechos. Después de desayunar decidimos seguir ya que podemos manejar el barco desde el puesto de mando del salón. Pasamos por varias granjas donde ofrecen cata y venta de vino, en esta parte las orillas del canal están flanqueadas por pinos.

Es hora ya de dar la vuelta, vamos a ir en la otra dirección, rumbo al mar. Pasamos todo el día atravesando esclusas, en una de ellas cometemos el error de quedarnos demasiado atrás, cuando la estaban vaciando el barco comenzó a inclinarse , elevándose la popa, nos habíamos subido a la piedra que cierra la esclusa ¡!, avisamos al esclusero que volvió a vaciar la esclusa y pudimos así salir airosos de nuestro pequeño percance.

Navegamos todo el día hasta llegar a un pueblo llamado Argens Minervois, con callejuelas estrechas de adoquines y casas pintadas de vivos colores, puertas y ventanas granates, verdes, amarillas,.. tiendas de barrio y a orillas del río un sinfín de restaurantes acristalados que recuerdan París.

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Argens Minervois

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por la mañana salimos rumbo al mar, paramos a comer en nuestra pequeña terraza de proa, ala sombra de unos plátanos. Por la tarde vamos en bici hasta Vias. Calljeando encontramos una ostrería donde venden además de ostras (1 docena 3 euros) mejillones, almejas y caracolas.

Compramos una docena de ostras. Para acompañarlas unos vinos que venden en una bodega cercana, después de degustar unos cuantos compramos tinto y espumoso.
Caminamos hacia la plaza del pueblo previa parada en un parque donde los niños no perdonan los columpios que a esta hora están muy disputados. La plaza está muy animada, nos sentamos en una terraza a disfrutar de las ultimas horas de sol.

Pedaleamos con la compra de vuelta al barco, una ducha calentita, ponemos la calefacción porque empieza a refrescar y una vez que los niños duermen plácidamente tras el agotador día disfrutamos de una suculenta cena. Las ostras están deliciosas…

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Por la mañana llegamos a Marsella Es una ciudad de vacaciones, con casas bajas y una enorme y desértica playa donde una valiente se está dando un baño, aunque el día es muy soleado el agua está gélida. Nos quedamos a la entrada del lago, no tenemos más días así que en otra ocasión visitaremos Frontignac, Marselleise,..El año que viene veremos, o si no seguir hacia arriba, por el Midi de los bosques mágicos.

Dormimos cerca de la base, cuando nos levantamos está diluviando, llegamos a dejar el barco y salimos hacia Barcelona, antes parada en Beziers a comprar foie, carnard y mostaza de Dijon.

 

 

Carmen Hernandez Perez
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