Maldivas , descubriendo las islas. Alquiler de barcos Maldivas(II)

Yacht Charter Maldivas

Alquiler barcos Maldivas

Lunes 9

Salimos del South Male Atoll hacia el Nort Ari Atoll, a 25 millas al W, para ir a Halaveli, situada en  2ª línea al este del Atolón. Durante la travesía hemos pescado unos mini atunes que hemos liberado. El viento de SW y una velocidad media de 6 nudos con motor y la Mayor. Hemos tardado 4 horas y la entrada como siempre, endiablada. Hemos fondeado con ayuda del dingy para mirar el fondo e indicar al velero el paso entre el arrecife. Una manada de rémoras se han pegado al casco. Frente a nosotros el típico embarcadero con 3 doghis turísticos y una lancha, para los que contratan una excursión de buceo. Hace calor pero ya nos hemos aclimatado y la brisa ayuda, sobre todo por la noche cuando estamos en la bañera o en el camarote con los tambuchos abiertos, durmiendo a pierna suelta. Una vez fondeados, nos hemos lanzado al agua para nadar hacia la playa situada a unos 200 m. La isla es prieta, verde y como casi todas, rodeada de arena blanca

 Aquí es una hora mas temprano que en Male, la capital. A media tarde buceo, peces espectaculares.. Y hoy, ducha de agua caliente para demostrarnos que el hombre ha contribuido en algo a la evolucíon, en la forma de imitar la lluvia. Me  han izado a la primera cruceta y he hecho unas fotos. En estas islas ningún pirata podría esconder un tesoro, son tan pequeñas que no acogen ni una cueva. En ninguna hay agua dulce así que Tom Hanks  habría muerto de sed. El mar de día impone, pero al anochecer, cuando se vuelve gris antes de ponerse negro, da miedo. Había olvidado la sensación de dormir en un barco, sentirse mecida por el mar y saber que tras un trozo de madera, la vida sumergida está pegada a tu oreja. Los momentos de silencios abundan y llenan el velero. Se llevan muy bien con el viento y con el sonido que hacen las rompientes, nuestras vecinas cada noche. Este mar parece estar siempre de buen humor. No se despeina con las olas ni con el viento. Hoy se me ha muerto mi reloj. Y ahora, a saborear este cigarro mirando como llega la noche, con una copa de vino blanco “La Terrace”, de importación, claro. No puede pedirse mas.

 Martes 10

A media mañana hemos partido hacia Madoogali, mas al W de Ari Atolón. Estamos con los monzones del SW y aprovechamos cuando navegamos para sacar las velas. La travesía ha llevado una hora y de camino hemos amortizado los trajes de agua porque ha caído una tromba bastante importante. El mar y el cielo han interpretado una coreografía de grises y cobaltos espectacular y nos las hemos visto y deseado para orientarnos porque detrás de la cortina de agua no había visibilidad alguna. El chaparrón ha durado 20 mn. y justo cuando el arrecife próximo a Halaveli casi nos pilla, ha abierto y hemos podido buscar fondeo con bastante tranquilidad. En Madoogali hay una sola boya, un globo naranja visible a bastante distancia para quien tenga buena vista y hay que pedir permiso por teléfono para usarla.

 La isla está rodeada de arrecifes y cabezas de coral, que se extienden desde el  atolón de Mulaku hasta el de South Maalhosmadulu. Vista de cerca, se diría que no alberga ninguna construcción. Su vegetación es tan tupida que oculta el resort, aquí muchos y variados peces: Angelfish, Damselfish, Giant Clams, Squirrel, Unicorn, Long Nose Butterfly

 El pequeño embarcadero al NW de la isla, tiene un incesante trajín de donhis que salen a pescar, traen  turistas de la plataforma de amerizaje próxima a la isla, -donde a veces un hidroavión descarga un puñado de carne blanca lista para la parrilla- ó parten con excursionistas que se han apuntado a un día de pesca y buceo. Un pequeño espigón que sobresale a 1 m. del agua se extiende unos 100 m., con una abertura en el centro para el paso de los doghis. Estamos fondeados a 36 m. El agua es oscura y la corriente que llega del paso por el que hemos venido zarandea el velero. No quiero ni pensar lo que va a ser esta noche. Es una sensación extraña la de dormir en proa, con la tierra a tus espaldas y el horizonte infinito y oscuro como cabecera. Uno se siente a caballo entre dos mundos, sentado en primera fila ante un espectáculo a punto de empezar tras un telón. A veces el chapoteo de las olas, el crujir de la cadena del ancla, o el del muerto son tan intensos que resulta imposible conciliar el sueño. Me he despertado a media noche y Cuco y Joaquín estaban sentados en silencio, atentos a la tormenta y al viento que arreciaba.

 Miércoles  11

A eso de las 10 hemos soltado el muerto y hemos partido rumbo a  Rasdhoo, en Rasdhoo Atoll, a su vez situado al NW del Ari  Atoll. Los tres integran lo que se conoce como el distrito del atolón de Alifu. Hemos tirado por la borda la sandía que había decidido pasar a mejor vida y enseguida unas rémoras han dado buena cuenta de ella. Han comido de nuestra mano pan de molde mohoso. !que gente mas voraz!. Son unos bichos feos, de color café con leche, largo de leche, sin ojos, de cabeza aplanada para pegarse a los tiburones y ballenas, vamos los hermanos pobres y chupópteros de los escualos y mamíferos. Los gorrones del mar. Se han quedado bajo el barco y el dingui, agazapados en la sombra, esperando que alguien se lanzara al agua para adherirse y darse una vuelta por los alrededores por el morro. Pero no hemos picado. Después de desayunar piña, zumo y nescafé hemos decidido dejar la visita de Madoogali para mejor ocasión. El día ha amanecido nublado pero a medida que navegábamos ha ido abriendo y he dejado la proa, para ponerme a refugio bajo el toldo. Carmen sigue con el curry y Cuco y Joaquín peleándose con la dichosa carta: que si tal isla, que si tal otra, que mejor por aquí, que si creo que el arrecife debe ser aquél.., vamos, el ambiente de un día cualquiera.

“Las villas pesqueras, lejos de los resorts turísticos, están su mayoría aisladas del mundo exterior, a pesar de que algunas ya cuentan con teléfono y las radios hacen acto de aparición. Los jóvenes las abandonan  para estudiar o buscar trabajo y los hombres para salir de pesca y comerciar, pero muchos permanecen y son una buena ocasión para entrar en contacto con la vida tradicional de las Maldivas. La pesca es la principal actividad y la mezquita el mayor y casi único acontecimiento no solo religioso, sino social y cultural. Estas islas no disponen de albergues ni restaurantes y prestan mínimas atenciones médicas. En alguna empieza a verse el fantasma de la civilización en forma de moto, taxis, pick-ups y televisión. Los videojuegos y el internet empiezan a verse por lo que auguro que estamos presenciando los últimos coletazos de un mundo realmente “aislado”. Enseguida se nota cuales son las mas visitadas, por el número de tiendas de souvenirs por m.2 y la aparición del inefable personaje que se autocalifica “guia local” indispensable, según el, para dar el paseo de 10 mn., que es todo lo que se tarda en recorrer una isla. Este es un país islámico aunque en los resorts se puede consumir alcohol y cerdo. Lo de siempre, el occidental en un microcosmos al mas puro estilo de colonialismo británico. Por aquí creen en los “jinnis” los espíritus que vienen del mar. Para combatirlos está el infalible “fandhita”, una poción administrada por el brujo de turno, cuyos servicios son requeridos también cuando el asunto de la pesca anda de capa caída, alguien enferma o una mujer no consigue quedarse embarazada. Aún no hemos tenido el gusto de conocer ninguno.

Sailing in Maldives

Navegando en Maldivas

 A eso de las 2 llegábamos a Rasdhoo. La primera visión de su vecina Kuramati, ha sido como una aparición: un oasis flotando entre las nubes y el agua. Poco a poco logramos distinguirla en la niebla, esparciendo una mancha parda y despeinada en las aguas. De pronto el cielo ha abierto un  hueco apartando las nubes y un tenue chorro de luz ha arrancado un brillo a los palmerales. A medida que el velero se aproximaba, Rasdhoo fue emergiendo al este, rodeada de pequeñas rompientes que señalaban las barreras de coral. Intentamos distinguir entre las aguas grises las cabezas de coral, buscando un corredor seguro. Lentamente, las boyas de color, oscilando como si fueran a liberarse en cualquier instante, las dos balizas y el embarcadero con su puñado de barcas de pesca dibujaron la primera imagen de Rasdhoo, como una acuarela impresionista desdibujada en la bruma.

 

Nos las hemos visto para atracar. El espacio disponible no era muy grande  y quedaba rodeado de los sempiternos arrecifes. Varios donhis estaban amarrados a boyas y hemos preguntado a unos pescadores donde podíamos echar el ancla para no enredarla con el cabo de alguna barca. Un nativo se ha apuntado a echarnos un cable. Su nombre es Saheed y tiene todos los visos de ser el “business man number one” de la isla. Mientras tomábamos una Cocacola y echábamos unos cigarritos, nos ha estado poniendo al corriente de los distintos “negociados” que ofrece el lugar: shopping, buceo, paseos, abastecimiento. El hombre ha visto el negocio y está decidido a vendernos a su madre si hace falta. De momento ha dicho que se tomará una birrita en cuanto acabe el refresco. En el entreacto, una tortuga ha asomado por el arrecife. La verdad, a mi me parecía mas un plástico que otra cosa, pero Saheed no se ha bajado del burro, afirmando que esta zona hay bastantes y también rayas de tamaño considerable que nos llevará a ver. Afif, un colega suyo, es el que da de comer a las mantas en la isla vecina de Kuramati, donde estuve hace tres años, y a donde no creo que vayamos porque los veleros no son bien recibidos allí.

 

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