Alquiler barcos Islas Seychelles. (II)

 

Charter en Seychelles

Islas Seychelles charter

El atún a la brasa estaba delicioso, lo acompañamos de una crema de espinacas con nata que hizo Javier. A medianoche un baño y un tentempié a base de spaguetti con guisantes y guindillas.

Hoy ha amanecido un día espléndido, la jungla brilla verdísima bajo este sol radiante, el cielo azul-azul y el agua turquesa. Hay mucho movimiento alrededor del barco, estamos rodeados por miles de peces agujas que saltan para no ser engullidos por las barracudas. Javier se baja al dinghy a pescar, yo fotografío el salto de una barracuda tras su presa, el agua hierve por el constante saltar de los peces. No pican.

Un baño antes de zarpar rumbo a Cousin Island, a unas 2 millas de Bahíe Chevalier, es una pequeña isla que encierra uno de los mayores tesoros naturales de Seychelles, reserva natural de aves, tortugas, lagartos y árboles. Fondeamos cerca de la playa, hay una luz muy intensa, la playa solitaria y completamente salvaje con arena blanquísima que contrasta con el color violeta-azul del cielo y el blanco de las olas que juguetean con las rocas de granito. Se ven montones de pájaros entrando y saliendo de la isla, unos pequeños y negros, otros blancos de larguísima cola. Nos acercamos con el dinghy a la playa pero antes de llegar un guía local nos dice que no se puede dejar ninguna barca en la playa así que quedamos en que nos recogerán en el barco. Javier ve una tortuga, nos tiramos al agua, es una enorme hawksbill, preciosa, se mueve con parsimonia a nuestro lado y finalmente se va hacia el fondo, en la isla hay una enorme población de tortugas marinas. Llegan a recogernos. En la playa hay más turistas, nos dividen en dos grupos (inglés y francés) y comenzamos el recorrido de 1.30 h por la reserva. El guía nos va explicando orgulloso la rareza de las especies que aquí habitan, pájaros como el Magpie Robin o el Seychelles Warbler que hubieran desaparecido de no haber sido por el programa de protección que empezaron en 1968. Fragatas, garzas, Lasser noodey, blue pigeon.. tienen aquí su hogar. Vemos cientos de nidos donde las mamás acunan con mimo sus huevos, hay jovencitos posados en los árboles. Muchas de estas aves ponen aquí sus huevos y luego migran hacia el Pacífico. Paseamos entre árboles centenarios, algunos con lianas tendidas hacia el suelo como tentáculos. La luz se cuela entre la espesa vegetación. Hay bastantes lagartos, algunos de color verde fosforito, otros de color tierra … (gekos, wright’s skink,..) “es la zona con más lagartos por hectárea del mundo”  nos dice el guía.

Llegamos al territorio de las tortugas gigantes, de enorme caparazón y piel rasposa, una está comiendo hojas, me acerco a tocarla, se levanta e inicia un lentísimo y breve paseo para volver a recostarse unos metros más allá. En Bird Island habita la estrella de todas las tortugas gigantes, Esmeralda, la más anciana de la tierra (200 años, todo un record guiness), cuentan que se escapó de un barco que la llevaba con la intención de hacer sopa con ella.

Llegamos a la parte más alta de la isla, las vistas son espléndidas, el agua está esmeralda , miles de aves surcan el azulísimo cielo sobre nuestras cabezas, en las piedras veo ciempiés ( “los más largos del mundo”, cómo no) y cangrejos ermitaños. De vuelta a la playa en la arena se esparcen corales y conchas preciosas, no pueden cogerse. Es una playa completamente salvaje, la más bonita que he visto nunca.

Nos devuelven al barco, un baño bajo un sol abrasador y salimos hacia Anse Volbert dejando atrás Cousin Island, “la isla que pertenece a la Naturaleza”. Por el camino sacamos las velas, la mayor a tope y todo el genova , navegamos a 7 nudos por las islas Seychelles ,  y ademas muy español, aperitivo a base de queso, chorizo y mejillones.

Fondeamos cerca de la playa, hay nubes y parece que se acerca una tormenta. El sol se ha puesto ya. Hoy me toca cocinar, marmitaco de atún (que no hay manera de acabar con él). A fuego lento… para chuparse los dedos. A lo largo de la noche las nubes se van y aparece una enormísima luna llena que vierte un tarro de purpurina plateada sobre el mar. Es una noche muy hermosa, cuajada de estrellas (las estrellas del sur), sopla una brisa suave, que mece nuestro barco.

 

Me levanto. Los peces juegan al ratón y al gato, hay mucho alboroto. De un salto una aguja se cuela en nuestro dinghy. Bajo a liberarla, estamos las dos asustadas, no para de moverse hasta que por fín la cojo y la suelto en el agua.

Aparece una familia de delfines, van con un pequeño juguetón al que están enseñando a pescar, nadan cerca del barco, Joaquin se tira al agua con las gafas y casi llega a tocarlos , hay fotos . Zarpamos hacia St. Anne, en Praslin.Por el camino paramos en St. Pierre, un pequeño islote que parece una postal, llenito de palmeras que sorprendentemente nacen de moles de granito, pequeñito pero muy exótico, resume la esencia de estas islas.

Desde aquí vemos Praslin a la derecha, Cousin Island a la izquierda y en frente Petit y Grand Soeur, Coco’s Island, La Digue y Felicitè. El mar está plata, el sol luce magnífico.Javier ha estado con la caña sin éxito (es que no hemos llegado a los 6 nudos y aquí se pesca entre 6-9 nudos). Fondeamos. Aletas, gafas, tubos y al agua!. Nadamos hacia el arrecife, el fondo está lleno de coral, veo alguna estrella de mar color ocre gigante, también alguna caracola. Empieza el festival de peces, hay cirujanos de varios tamaños, cofres, una familia de sepias, trompetas amarillos, trompetas grises, picassos, loros, mariposas, cardenales, ballestas… la corriente es débil pero si no aleteas te arrastra suavemente, es increíble la sensación de ingravidez, a ratos pareces un pez, intento imitar sus elegantes movimientos.Es maravillos el snorkel en Seychelles y el buceo tambien.

Tras el snorckel nos visita un local en una barca. Son 200 rupias (50 por persona) por visitar esta isla y la de al lado (Curieuse Island) cobra y se va porque le suena el móvil (el paraíso está ya muy sofisticado). Una manada de peces ángel se acerca a curiosear, son muy grandes y planos, les encanta el pan, están un buen rato con nosotros. Llegamos al Parque Nacional de Curiouse (la isla roja), antigua colonia de leprosos, es otra de las joyas del país, otro museo al aire libre, una reserva con 6 especies de manglares, multitud de árboles y una fauna marina excepcional. Esta vez recorremos la isla sin guía, nos adentramos en el jardín de manglares, en el suelo miles de agujeros donde habitan unos enormes cangrejos. Hay una alfombra de conchas, es increíble, nunca he visto tantas, en su interior habita un ermitaño, el praslin snail, vemos lagartos, arañas que tejen enormes telas de araña, tortugas gigantes que sestean al sol. Hay una gran laguna cerca de la playa rodeada de cocoteros, dentro de ella nadan algunos bonfish (dice Javier que su pesca a mosca es muy divertida porquen tiran mucho). En la laguna miles de colores, del verde al ocre, al azul, al blanco.. fascinante, parece prehistórico, hay tanta vida!, da gusto ver lo bien que conservan sus tesoros los seychellianos.

Llegamos a St. Anne, un sitio paradisiaco protegido del viento, rodeado de montañas. El arco iris nos recibe en el puerto. Los skipper han quedado con un amigo francés que vive aquí,Loic , el dueño de Dream Yachts ,  nos recoge ya de noche en la carretera que sale del puerto (que por cierto es la única de la isla), vamos a su casa y charlamos antes de ir a cenar. Nos ofrecen (su mujer vive también aquí) unos pastise marselleses. Viven en la playa, con unas vistas privilegiadas sobre las islas vecinas, veo la luna salir de detrás de las montañas de La Digue. Nos llevan a cenar a uno de sus restaurantes favoritos, conocen a la dueña, una menuda mujer de mediana edad que se deshace en atenciones con nosotros. Cenamos sobre una soberbia mesa hecha con madera de Takamaka, preciosa. Encargan la cena: calamar con salsa de coco, calamar con curri, pescado con ajo, pescado con lima, mejillones con verduras, arroz y ensalada. Delicioso. Nos invitan a cenar. Tras la cena nos devuelven a la marina aunque antes paramos en un garito cercano a tomar una cerveza. Buenas noches.

 

Ha amanecido un día precioso en la marina de St. Anne, vamos de visita por la isla, y es que no se puede venir a Praslin y no visitar el Valle de Mai. Tomamos un taxi en el puerto y nos acerca hasta allí. Es un bosque milenario declarado Patrimonio Natural de la Humanidad ( el 46% de la superficie de Seychelles está declarado Reserva o Parque Natural ¡!). Cuenta con decenas de plantas únicas en el mundo aunque hay una que destaca especialmente: el coco de mer, son palmeras que viven unos 200-400 años y que sólo se dan en este bosque. Es una palmera muy peculiar, la “hembra” da el fruto más grande que se conoce (unos 20 Kg) y tiene forma de pubis. La palmera “macho” tiene frutos con forma de pene. Aquí se interpreta como algo afrodisíaco y mágico y lo tienen como símbolo nacional ( hay botellas de licor con forma de coco, mangos de cubiertos, camisetas, cocos auténticos…todo disponible a un precio poco módico). Recorremos el bosque despacito, la vegetación es muy espesa, los árboles muy altos, tanto que en muchos tramos no dejan ver el cielo, sólo permiten el paso de algún rayo de luz lo que le da más magia al entorno. Sólo se oye el ruido de los pájaros y el que hacen las hojas de palma al ser movidas por el viento, toda esta vegetación crece en torno a las gordas esculturas de granito. Hay otras palmeras endémicas (Horne’s, Latannyen, coco marrón, milpat, many-spined…), frutales (jackfruit, bwa rouz, bread fruit, vainilla..), pájaros como el rarísimo loro Negro, la paloma azul, el kestrel, el sunbird…, mamíferos (murciélagos comedores de fruta, musarañas..), reptiles (geko verde, geko de ojos dorados, ranas de árbol, lagartijas..), invertebrados como el caracol de Praslin, el cangrejo de agua dulce, el caracol gigante, orquídeas,… el recorrido es todo un tratado acerca de la Naturaleza y sus maravillas. Al acabar el paseo el taxi nos espera para darnos una vuelta rápida por la isla, con la luz del mediodía los colores resaltan la belleza del paisaje. El taxi para a un lado de la carretera y el conductor me dice que arranque una hojas de una planta , “frótalas y huele”, me dice, es menta!! A pocos metros vuelve a parar y repetimos la operación con otra planta distinta, esta vez es canela. Nos lleva a un pequeño acuario donde se cultivan maravillosas perlas negras en el interior de una enormes ostras que se cierran cuando nos ven, hay también peces, tiburones y tortugas.

De vuelta al barco navegamos rumbo a La Digue. Por el camino curri, algo pica pero se nos escapa. En la entrada del puertecito vemos dos mantas. Fondeamos con ancla y cocotero. Alquilamos unas bicis ( en esta isla el medio de transporte habitual son las bicis, unos taxis-buey que tiran de una carreta y muy pocos coches), hay poca gente en el pueblo, van en bici y a pie, otros ( los menos ) en furgonetas de colores chillones. Hay tanta paz que apenas se oye otro ruido que el piar de los pájaros, las hojas de palmera agitadas por la brisa y el ruido del mar al golpear el barco. Pedaleamos por un camino rodeados de bosque tropical, plantas de colores fucsia, naranja y lila, hojas de palma, mangos, cocoteros, plátanos… es un jardín de ensueño. A 2 Km hay un pequeño restaurante que nos han recomendado,el Zerof, nos sentamos en la terraza, rodeados de plantas. Tengo en frente un poto que mide unos 2 metros y sale del suelo. Se está en la gloria, sopla brisita. Hay un gorrión rojo posado en una silla. Foto. Llegan dos murciélagos. Comemos pollo y ensalada de pulpo y después del merecido descanso reemprendemos el camino. Pedaleamos entre los árboles de esta selva mágica, la luz intenta colarse a través de las ramas, hay cientos de flores, gallos, pájaros de cabeza azul alas pardas y pecho negro ( el famoso papamoscas negro del paraíso, que sólo habita en estas islas ), un ternerito busca a su madre. Entre la jungla se esparcen casas coloniales, algunas de vivos colores, de madera, con muebles de teca y grandes ventanales. El camino se complica, empieza una subida muy pronunciada, 1-2-3, cuesta pero ya va quedando menos.. al final una gran pendiente baja hacia el mar. Llegamos a la playa en el sur de la Digue. Solitaria, salvaje, el agua muy esmeralda. Hay olas y bastante corriente. La playa está rodeada de palmeras, algunas altísimas, sus troncos delgados y esbeltos contrastan con la redondez de nuestras amigas de granito. Es un lugar muy hermoso, debe haber pocos sitios en la tierra donde la Naturaleza se muestre tan exuberante, lujuriosa, en el campo, en el mar como en las islas Seychelles. Os recomiendo alquilar un catamaran o un velero en las Seychelles pero aseguraros que la empresa es de confianza y conoce bien la zona, es muy distinto llegar a un sitio desconocido con un derrotero a que alguien que lo conoce bien te cuente los secretos y ademas en tu idioma, no hay duda.

Devolvemos las bicis y vuelta al barco. Javier nos prepara una estupenda tortilla de patata con cebolla y ensalada de tomate. Unos niños pescan en el muelle, se les da bien. Veo peces saltando en el agua. Desde tierra sólo se oyen los murciélagos, deben pelear por algún suculento fruto; tranquilos, que hay para todos.

La lunaza comienza su desfile detrás de un enorme árbol, sube poco a poco, con parsimonia, a ritmo de tortuga… Se oye música desde un garito del pueblo. Es Bob.

 

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